Empleado vs profesional independiente: ¿Qué elegir?

Imagen cortesía de http://www.luisgyg.com

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Si estás dudando si convertirte en un profesional independiente es para ti, o tal vez si ya te decidiste pero no sabes bien a lo que te expondrás y eso te genera ansiedad y miedos, aquí tienes una lista de factores que te ayudarán en esta etapa y podrás considerar a la hora de dar este paso tan importante. ¿Cuál será el más decisivo para ti?

Independencia

Pros:

Es fantástico pensar en independizarte y sentir que tienes todo el camino por recorrer y que será en tus términos. Tomarás cada decisión, elegirás cada estrategia. Decidirás con qué cliente trabajar y con cual no. Evaluarás lo que mejor te parezca para atender a cada uno de ellos. También podrás elegir qué tareas harás y cuáles delegarás. Incluso puedes elegir en qué momento harás esas tareas que no te entusiasman pero que sin embargo tienes que hacer. Cuando eres empleado, en el mejor de los casos tienes independencia de criterio.

Esto significa que ante una situación determinada, puedes elegir la mejor solución dentro de un marco ya pre-establecido. Pero normalmente el rumbo de la compañía, el tipo de servicios, el tipo de clientes y las estrategias más importantes, son definidos en otro nivel y a ti te queda llevar adelante las actividades que logren esos resultados esperados.

Cuando eres independiente tú elijes el rumbo, las estrategias, los caminos de acción. Eliges para qué se creó esta empresa, qué necesidades atenderá y cómo contribuirá en el mercado. Eso te hará sentir realmente dueño y director de tu propia empresa, porque eres el protagonista de la decisión.

Contras:

Si eres una persona que prefiere que le digan lo que tiene que hacer, estarás en problemas si quieres ser un profesional independiente. Si bien puedes contratar asesores, mentores, consultores, en general éstos te aconsejan, te muestran algunas alternativas y sus probables consecuencias, pero la responsabilidad y la decisión final es del dueño de la compañía. Como profesional independiente, eres el dueño de tu compañía. Tendrás que tomar decisiones casi cotidianamente, y debes sentirte cómodo con esta situación.

Otro punto importante es “adiós al piloto automático”. Seguramente te habrá pasado alguna vez siendo empleado, uno de esos días en que no tienes mucho ánimo, estás por demás cansado o hasta algo apático y entonces activas el “piloto automático”. ¿Sabes a lo que me refiero? Si no tienes una fuerte supervisión, es probable que ese día no generes muchos resultados. Muchos mails, alguna reunión, y la inercia y la rutina harán el resto para que el día termine. Pero cuando eres independiente, un día así puede costarte caro. Podrá elegir si te tomas un día libre o si trabajas con toda la energía, pero al único que perjudicarás en un día de “piloto automático” es a ti mismo.

Flexibilidad horaria

Pros:

Cuando eres independiente no cumples un horario específico (excepto que así quieras hacerlo) y decides en qué horas trabajarás. Sin supervisión o decisión de un tercero. ¿Te gusta madrugar y comenzar bien temprano con las tareas más estratégicas y dejar las operativas para la tarde? ¿Te gusta dormir hasta tarde? ¿Prefieres trabajar por las tardes para poder dedicar la mañana a otras actividades familiares, como llevar los chicos al colegio u ordenar la casa, o actividades personales como hacer algún deporte? Todo es posible. La flexibilidad te permite no sólo elegir en qué horas (y cuántas horas) trabajarás cada día, sino también ser flexible con ese plan ante determinadas situaciones (por ejemplo el acto de escuela de tu hijo menor, un almuerzo largo al que te invitó un amigo, un taller de capacitación en la otra punta de la ciudad, un turno con un médico que sólo atiende en medio de tu jornada laboral).

Cuando eres empleado, por más flexibilidad que te ofrezca la empresa a la que puedas pertenecer, hay normas que cumplir, horarios estándar para que todos trabajen coordinadamente y las excepciones tienden a minimizarse.

Contras:

La flexibilidad horaria es un arma de doble filo que debe manejarse muy cuidadosamente. Como profesional independiente requerirás de una muy buena organización para que tus actividades se lleven adelante y logres tus objetivos a pesar de que no tengas horarios fijos de trabajo. La rutina es lo que te ayuda muchas veces (casi sin pensarlo) a avanzar con tus tareas. Si eres independiente, tienes que generar nuevas rutinas y hábitos, porque los que tenías antes, cuando eras empleado, difícilmente te vayan a servir.

Esto significaba que en cuanto traspasaba la puerta de mi oficina tenía alguna persona esperándome para preguntarme algo, algún pedido concreto, un mail para responder, una reunión de último momento, etc.

Trabajar desde casa

Pros:

Este punto es un poco más controversial porque muchos profesionales independientes (por la naturaleza de su función) no pueden trabajar desde casa. Pero aún si no puedes hacerlo todos los días, es una buena opción lograrlo 2 ó 3 veces por semana. ¿Por qué? Porque te permite equilibrar mucho más tu vida personal-profesional.

En primer lugar, olvídate del tránsito. Es impensable la cantidad de horas que pierdes cada día sólo en “transportarte”. Además del tiempo, el estrés de esta situación también afecta negativamente tu humor y tu energía del día. En segundo lugar, puedes trabajar con mayor concentración. En general en las oficinas hay ruido del ambiente, suena tu teléfono constantemente, siempre pasa alguien por tu puerta pidiéndote algo, etc. Cuando trabajas desde tu casa tienes mayor privacidad y disposición para trabajar especialmente con esos proyectos que requieren de tu mayor concentración.

Contras

Lo más complicado es lograr minimizar las interrupciones hogareñas. Cuando trabajas en casa es sencillo que las personas que viven contigo (en especial si tienes hijos) te interrumpan todo el tiempo. Puede ser para hacerte una pregunta, un comentario o hasta para pedirte algo. Seguro estás pensando que pueden ser cosas sencillas que resolverás en 1 minuto. Pero aun así, dejarás de hacer lo que estás haciendo y deberás luego volver a comenzar. Si pierdes la concentración a cada rato, te costará ser eficiente en llevar adelante las actividades especialmente las que requieran de un mayor nivel de esfuerzo mental.

La mejor solución a esto es tener un lugar privado (con puerta que puedas cerrar) o un rincón de la casa sin ruido del hogar (el televisor de los chicos, por ejemplo) que te permita concentrarte y trabajar relajado. Es fundamental que puedas conversar con quienes viven contigo y acordar normas para evitar las interrupciones.

Fuente: www.rhsocialmagazine.wordpress.com