¿Por qué nos enojamos cuando nos da hambre?

A mí no me pasa, pero existen personas que tienden a estar de mal humor cuando han pasado muchas horas sin comer. Uno cree que es por qué sientes dolor abdominal, producida por la acidez estomacal del estómago vacío. Sin embargo, esta conducta tiene una explicación más científica y está relacionada con los niveles de azucares en nuestra sangre.

Cuando comemos, nuestro organismo transforma las proteínas, grasas y carbohidratos presentes en los alimentos en azúcares más sencillos (como la glucosa), amino-ácidos y ácidos grasos. Estos pasan al torrente sanguíneo y, de ahí, al resto del cuerpo.

Cuando no comemos, los niveles de estos nutrientes van bajando, siendo especialmente crítico el de glucosa. Y es que, a diferencia del resto de órganos, nuestro cerebro solo utiliza glucosa como combustible, y es por eso que cuando tenemos hambre solemos tener problemas para concentrarnos, tomar decisiones o incluso hacer tareas sencillas.Hangry 3

De esa misma manera, cuando a nuestro cerebro le falta la glucosa, es más proclive a no ejercer el autocontrol  y tender a enojarse por todo, sobre todo cuando te hacen esperar por la comida.

Otro elemento que influye mucho a la hora de volvernos irascibles cuando tenemos hambretiene que ver con el sistema de regulación de glucosa de nuestro organismo. Cuando la glucosa baja de cierto nivel, se pone en marcha un mecanismo de liberación de hormonas para que se sintetice y llegue al torrente sanguíneo.

Entre todas estas hormonas liberadas se encuentran la adrenalina y el cortisol, que también están asociadas al estrés. Es por eso que cuando estamos bajos de energía, nuestro organismo actúa de manera similar a como lo haría frente a una amenaza, dando lugar a respuestas abruptas y no siempre lógicas, guiadas por el instinto, pues en una situación de peligro lo importante es la velocidad de actuación.

Está claro que tener hambre ya no es una cuestión de vida o muerte como lo podría ser hace miles de años, pero como a nuestro cerebro también le falta energía para poner en práctica ese filtro social, acabamos haciendo o diciendo cosas de las que nos arrepentimos en cuanto damos los primeros bocados.

Fuente: Directo al paladar