Estas 10 razones hacen que un buen empleado quiera renunciar a su trabajo

A todos se nos acaba la paciencia en algún momento…

Vía UpsoCl

Todos tenemos que trabajar para poder llevar pan a la mesa a diario. Pero cuando el día a día se vuelve tedioso y tus jefes no se comportan como lo desearías, empiezas a barajar la opción de tirar todo por la ventana renunciar. Estos son diez de los factores más frecuentes que hacen que los buenos empleados abandonen su lugar de trabajo. Si vives uno o más de ellos, ya sabes qué hacer (y si tú eres el jefe, ya sabes a qué poner atención).

1. Poca motivación

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Sin duda alguna, la motivación siempre es algo importante al momento de hacer algo -cualquier cosa, incluso las más cotidianas como cocinar o levantarte de la cama. Por eso, la importancia de un jefe que te motive y te impulse a ir siempre más allá es vital. Nadie quiere estar en un lugar deprimente.

2. No se fomenta el trabajo en equipo

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Una de las mejores maneras de motivar a un empleado es hacerlo sentir parte de algo más grande: un equipo. Empresas como Google, Facebook, Microsoft o Coca-Cola no serían lo mismo sin cada uno de los engranajes que hacen que éstas se muevan hacia adelante. Ése es el valor de sentirse importante para una tarea y sentir que otros dependen de ti, como tú de ellos.

3. No se aprecian tus logros

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El triunfo sólo se vuelve importante cuando tienes alguien con quién compartirlo y restregárselo en la cara. Entonces, cuando estás todos los días en un lugar donde a nadie le importan las cosas buenas que haces o que te ocurren, tu moral se irá rodando cuesta abajo, y con justa razón.

4. Poca valoración a tu compromiso

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Otra parte importante de sentirse motivado es estar comprometido con una causa. Y, más importante, que tu compromiso con ésta se valore como esperas. Es como cualquier relación (sí, también como las relaciones amorosas), nadie quiere dar sin recibir algo de valoración a cambio.

5. Se vuelve monótono

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Si tu vida se tornó una rutina interminable que te lleva de tu casa al trabajo y viceversa, debo decirte que estás en un aprieto. Controlar tu ira se volverá una tarea titánica y la mala cara te acompañará constantemente y, lo que es peor, la contagiarás a tus cercanos.

6. Menosprecian tu inteligencia

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Si tu trabajo lo puede hacer una gallina es que estás en aprietos. Porque, además de que el salario de ésta se paga en maíz, significa que no están valorando tus capacidades intelectuales y, más de uno en la oficina, crees que eres un completo idiota (y nadie quiere ser tratado como tal).

7. No aprovechan tus habilidades

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Algo que viene de la mano con el menosprecio intelectual es la poca apreciación de tus habilidades. Todos tenemos diferentes intereses y somos capaces de hacer más de una cosa con nuestras vidas y, lo ideal, es poder sacar el máximo provecho de todas ellas. Pero cuando tu jefe quiere que seas un caballo de carrera que sólo corre en línea recta, no queda más que bajar la cabeza y dejar el resto de lado.

8. Anulan tu creatividad

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La habilidad que todos tenemos al nacer es la de imaginar pero, lamentablemente, se nos cohibe poco a poco a medida que crecemos, al punto que cuando somos parte de un empleo fijo nos volvemos parte de una maquinaria que requiere poco más que asentir.

9. Trabajas como un perro

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Uno de los puntos más importantes para  querer dejar un trabajo es la explotación. Estar de lunes a viernes haciendo caso a cada petición de tu jefe ya es algo, pero cuando te llama los fines de semana y las noches, el asunto se vuelve grave: tu vida es tu trabajo. Si olvidaste cómo lucen tus padres, tu pareja, tus hijos y tus amigos, estás en el momento preciso para decir adiós a tu empleo.

10. Ascienden a quienes no lo merecen

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Una de las cosas que menos motiva es la frustración -por eso los psicólogos se esmeran en trabajar métodos para aprender a tolerarla y superarla- y ella se hace presente cada vez que tienes que lidiar con alguien que llegó al puesto que tanto deseaste y esperaste sólo porque es amigo del jefe o hijo de alguien importante.

Al final, lo más importante es estar a gusto con el lugar que ocupas. Si sientes que tus compañeros son unos idiotas (o que te tratan como a uno), que no te valoran o que, de plano, ya perdiste todo amor por tu ocupación o tu empresa, siéntete con toda la facultad para escribirle un correo a tu jefe con un inmenso “¡hasta nunca!”.

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