Recorre el mundo y aprende idiomas trabajando como granjero

Chilenos lo pasan chancho gracias al sistema Wwoof.

Vía Lun

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Red mundial que reúne a agricultores que ofrecen comida y alojamiento a cambio de trabajo.

Qué es “wwoofear”

Aunque suene a onomatopeya de mono animado, Wwoof es la sigla de World Wide Opportunities on Organic Farms (red global de oportunidades en granjas orgáicas). Esta organización agrupa a agricultores de casi 110 países, que reciben voluntarios extranjeros para trabajar en sus campos a cambio de cama y comida gratis.

La pega va desde cosechar, regar y plantar campos hasta limpiar potreros. Este sistema vio la luz en 1917; en Chile, donde hoy existen cerca de 120 campos inscritos, funciona desde 2002.

“Acá vienen cerca de 400 extranjeros al año. El único requisito es ser mayor de 18 años. Para inscribirse hay que pagar una cuota que, dependiendo del país va de 25 a 40 dólares. Eso te permite acceder a la base de datos de granjas: si quiero ir a Australia, por ejemplo, debo dirigirme directamente a la web de ese país para inscribirme”, explica Gastón Fernández, encargado de Wwoof Chile. Ojo: el pasaje del huésped hasta el campo donde trabajará corre por su propia cuenta.

Volvió y se va de nuevo

Susana Tapia (35) es diseñadora industrial, pero lleva varios años dando clases sobre huertas orgánicas, lombricultura y compostaje. Con la idea de conocer qué se teje en otras tierras sobre estos temas, se inscribió e una granja en Palo Alto, California: “Estuve entre enero y febrero del año pasado en un campo que tenía gallinas, árboles frutales y hortalizas. Puedes escoger dónde vas a ir. qué tipo de granja te acomoda más, si quieres que tengan animales o no, si quieres que sean producciones pequeñas o grandes. Ahora estoy decidiendo a qué país me voy a wwoofear de nuevo”, cuenta.

Ética anglosajona

Joaquín Fernández (24, en la foto), estudiante de Ingeniería Comercial de la U. de Talca, nunca tuvo mucha relacion con el campo. Pero igual luce un buen currículum como wwoofer: “El 2013, psaé seis semamas en el norte de Florida y otras seis en Lompoc, California. En la granja de Florida trabajé con cabras, gallinas, siembras y perros de raza Rat Terrier. La segunda granja era una avícola y trabajé con aves de corral. Después estuve en Inglaterra, cerca de Redditch, trabajando un mes en invernaderos y jardines. A veces me pedían ayuda con los animales; ahí siempre estuve acompañado porque las vacas se pueden poner complicadas. La experiencia me sirvió para mejorar un poco mi inglés y aprender sobre la ética de trabajo anglosajona, las costumbres y valores locales. Además me ayudó a conocer cómo funciona este tipo de empresas, porque las granjas también son empresas”.

Levantarse con las gallinas

La argentina Florencia Abilleira (22) pasó varias semanas en la granja Antahuara, 20 minutos al norte de Talca. Lo que más le costó fue levantarse al alba para regar los jardines: “Pero descubrí que chilenos y argentinos tenemos un montón de puntos en común. Aprendí sobre el cultivo orgánizo y las formas de aprovechar la tierra para nuestro uso sin perjudicarla”.

“Lo que es un poco complicado es coordinar los traslados, principalmente en Estados Unidos, donde el transporte público interurbano está mucho menos desarrollado que en Inglaterra”, aporta Joaquín Fernández.

Hablan los agricultores

Aldo Vitali está inscrito como anfitrión de Wwoof Chile desde 2005. Ya ha recibido a casi 500 extranjeros en su parcela de Olmué, donde los jóvenes lo ayudan con la ordeña y alimentación de los animales, limpieza de los corrales y otros trabajos agrícolas: “Vienen hartos estudiantes de Agronomía, pero la mayoría no tiene experiencia, así que predomina la buena voluntad de trabajar”.

En su parcela a 16 kilómetros de Valdivia, Roberto Celis recibió este verano a seis extranjeros que lo ayudaron con su taller de encuadernación, limpiando o haciendo senderos. Según dice, la ganancia no sólo pasa por ahorro de mano de obra: “Tenemos un hijo de 14 años que ya es bilingüe por el contacto con los chicos de afuera. Yo les digo que con él sólo hablen en inglés“.

No todo es pega

“Siempre está la posibilidad de conocer los atractivos turísticos cerca de las granjas”, dice Joaquín Fernández. “Es tan buena la onda que se genera que trabajamos casi todos los días, sin horario. También los sacamos a pasear, los llevamos al parque o a playa”, añade Roberto Celis.

Cualquier paseo adicional fuera del lugar de trabajo corre por cuenta del usuario. “Cuando estuve en Palo Alto aprovechaba mis ratos libres para ir a San Francisco, pero todos esos viajes los pagaba yo. Muchas granjas están lejos de las ciudades y tienen menos opciones de pasear. Otra cosa importante: por si tienes alg{un accidente trabajando, mejor ir con un seguro de salud contratado desde acá. Si quieres pasarlo bien y recorrer harto, recomendaría ir con plata ahorrada. Con 400 mil pesos mensuales tienes suficiente para pasarlo bien”, calcula Susana Tapia.

Más info de este sistema en http://www.wwoof.net/wwoof-in-other-countries