Más del 80% de los chilenos no está contento cuando trabaja, al menos eso es lo que refleja un estudio realizado en junio por Mandomedio. La falta de alegría se debe principalmente a la escasez de proyección laboral, de flexibilidad horaria y de capacitación que reciben los empleados.
En el día a día es fácil constatar que un alto porcentaje de los trabajadores chilenos no está conforme en el trabajo que desempeña. Las malas prácticas de las empresas y la imposibilidad, mucha veces, de ascender sólo en base a los méritos propios de cada profesional hace que un 95% de ellos esté permanentemente pensado en buscar otras opciones laborales.
Según el reciente Estudio de Felicidad Laboral desarrollado por la empresa Mandomedio, un 84% de las personas que participaron de la encuesta dijeron ser más felices cuando no están en la oficina, mientras que un 54% indicó estar satisfecho en la empresa donde trabaja. Una cifra similar de profesionales (53%) dijo sentirse presionado, número que aumentó hasta el 77% en el caso de personas que ocupan puestos gerenciales.
Por rentas, apenas un 41% de los que tienen remuneraciones entre los 2.000 y los 3.900 dólares (995.000 y 1.940.000 pesos aprox.) afirman estar contentos en sus actuales funciones. A eso se agrega que un 51% se mostró de acuerdo ante la afirmación “mi jefe subestima mi trabajo”, lo que deja en evidencia el descontento que sienten los trabajadores nacionales y la pequeña relación que mantienen con sus superiores.
Al ser consultados sobre cuáles eran los factores que permitirían mejorar estas impresiones y aumentar los índices de felicidad en los empleos, los encuestados destacaron tres: Que la empresa permita una proyección laboral, contar con flexibilidad horaria a fin de poder pasar más tiempo con la familia y que se ofrezca la posibilidad de capacitación.
Un país cada vez más estresado
Para el psicólogo social y economista de la Universidad Adolfo Ibáñez, Wenceslao Unanue, la falta de felicidad en el empleo se explica en la Teoría de Auto-determinación (TAD), la cual señala que “para ser feliz en la vida y productivo en el trabajo, se deben satisfacer tres necesidades psicológicas fundamentales: autonomía, competencia y relaciones”.
En este sentido el docente recuerda un estudio que realizó la UAI el año pasado junto a la consultora Visión Humana y que arrojó que la satisfacción laboral sólo llegaba al 38%, bajando 15 puntos porcentuales respecto a la investigación desarrollada en 2008. En ese documento también se destacó el incremento en los niveles de estrés de los chilenos. “Sólo desde 2010 aumentó en casi 15%. En 2012, el 61% de los empleados declaró sentirse ‘un poco’ o ‘muy estresado’ con sus labores”, argumenta Unanue.
Por segmento etario los más proclives al estrés son los jóvenes entre 25 y 34 años, dice el profesional. A la hora de definir los trabajos más tensionales el psicólogo no duda en señalar a los obreros calificados como el grupo de más riesgo. Otro elemento que destaca del informe antes mencionado es que la falta de felicidad en el trabajo se da de igual manera entre hombres y mujeres.
Revalorizar la vocación
A juicio de Unanue, es importante señalar que hoy en día los niveles de confianza son muy bajos en el país, lo que tiene repercusiones en el trabajo ya que se duda de los compañeros, de los pares, de los jefes, las parejas y las instituciones. De hecho, un 75% de los empleados considera que las empresas ejercen altos grados de abuso hacia ellos, lo que claramente incide en la apreciación que tienen de la compañía.
En ese contexto, también se debe batallar contra el cambio en la motivación de los chilenos por trabajar. Atrás quedó el deseo de desarrollo profesional, pues ahora el 86% piensa que la función principal del trabajo en para ganar un buen sueldo, lo que está en línea con el aumento del consumismo, materialismo e individualismo en el país, como herencia de un sistema que “nos planteó por años que la competencia y el crecimiento económico, eran lo fundamental. La ciencia ha demostrado que eso es malo para la felicidad”, señala el académico.
Respecto a lo anterior Unanue afirma que se debe volver a dar valor a la vocación, pues eso tiene que ver con la posibilidad de soñar. “Debemos decidirnos a hacer lo que nos motive y no lo que nos dé más dinero. Se ha demostrado que si lo hacemos, seremos más felices y más productivos. Hay que incentivar a las nuevas generaciones, y a las no tan nuevas también, a que piensen en su vocación y no en lo que el mercado necesita”.