Hoy más del 50 por ciento de los graduados de universidades en el mundo desarrollado es mujer, pero a la hora de trabajar juntas no aventajan a los hombres. Por el contrario, el matoneo entre las mujeres en el trabajo se está convirtiendo en un gran problema para las empresas
¿Si las mujeres dominaran el mundo sería armonioso y pacífico? No se apresuren a responder. En el trabajo, las mujeres no muestran mayor colaboración entre sí que el trabajo colectivo entre los hombres e incluso anuncian que pasan malos momentos trabajando juntas.
De acuerdo a una medición de 2010 por el Workplace Bullying Institute, el 80 por ciento de la mujeres que hacen bullying lo hacen con otras del mismo género, mientras que el 56 por ciento de los hombres lo hace con otros hombres. Con las mujeres convirtiéndose en la mitad de la fuerza de trabajo en muchos países, esto se convierte cada vez en un problema mayor.
“En estos días cada vez más mujeres van a la universidad que los hombres”, comentó Mónica McGrath, una profesora asociada en gerencia en la Escuela de Negocios de Wharton en Filadelfia. “Las mujeres son muy competitivas en el trabajo. Al mismo tiempo, tienen expectativas poco realistas sobre la solidaridad con otras mujeres”, añadió.
Como resultado, los empleadores descubren que los equipos de trabajo dominados por mujeres son casi siempre irritables. “Las mujeres tienen relaciones muy cercanas e intensas en una forma muy distinta a la de los hombres”, dijo Pat Heim, autora de “En la compañía de las mujeres”. “Lo negativo es que si todo sale mal con ellas, sale horrible. En contraste, cuando los hombres cometen un error, lo hacen a un lado diciendo frases como ‘siempre supe que era un idiota’”, añadió.
Los problemas de las mujeres trabajando juntas no deben ser una sorpresa. “Los hombres viven en jerarquías y se sienten cómodos con eso”, explicó Heim. “Pero las mujeres no utilizan juegos jerárquicos, y cuando ascienden, no están acostumbradas a eso. Por eso es que las mujeres siempre pasan un mal momento cuando una compañera de trabajo es promovida”, añadió Heim.
Las cosas se ponen peor, porque las empresas no toman en serio las relaciones de amor y odio entre las mujeres. “El género es un tema tan complicado para entenderlo en un ambiente corporativo”, comentó McGrath.
Incluso los líderes muy diestros se enredan en conflictos estúpidos. En un debate televisivo, Carly Fiorina, una antigua ejecutiva de Hewlett Packard, tuvo un detalle de mal gusto con la senadora Barbara Boxer, su oponente. “Por Dios, ¿qué es ese peinado? Está tan pasado de moda”, dijo Fiorina, sin saber que su micrófono estaba encendido.
Las mujeres en el futuro podrán superar estos problemas utilizando juegos jerárquicos a la hora de criar a sus hijos.
“Cuando una mujer empuja a otra, se empuja a sí misma”
La doctora Erika Holiday, sicóloga y co-autora del libro “Mean Girls, Meaner Women” (‘Chicas malas, mujeres peores’)
¿Una mujer es el peor enemigo de otra en el trabajo?
-Existen muchas mujeres que no tienen problemas con la idea de trabajar con otras mujeres. Pero las mujeres que sí tienen esos problemas suelen estar en los puestos de supervisión; tienen más poder que otras mujeres. El perpetrador puede no ayudar a otras mujeres, no dar información, excluir a otras mujeres o alejarlas de oportunidades para ascender en la compañía.
Las bullies escogen víctimas femeninas el 80% de las veces. ¿Por qué?
-Las mujeres no tienen las mismas ventajas que los hombres, ganan menos que ellos. Por eso, es más difícil para las mujeres ascender y convertirse en CEOs. Su “solución” es hacer caer a otras mujeres.
¿Cómo podemos detener esta tendencia?
-Las mujeres deben entender que mientras hagan caer a más mujeres, más daño se hacen a sí mismas. Si todas las mujeres se ayudaran, seríamos capaces de cambiar la forma en la que la sociedad nos trata. Deberían ayudar a que otras mujeres crezcan, porque eso también las ayudará a ascender.