¿Cómo detectar a compañeros tóxicos?

Imagen cortesía de http://www.salud180.com

Imagen cortesía de http://www.salud180.com

Los compañeros tóxicos son aquellos que generan conflictos y negatividad en el equipo, minan la motivación, desacreditan a sus superiores o, incluso, llegan a engañar, robar y mentir.

No hace falta llegar hasta esos extremos, basta con un compañera que se pasa el rato de cahuinera, no deja trabajar a los demás y está con mala onda todo el rato. Pero es que de estos hay muchos en todas partes y debes saber manejarlos porque si no te van a hacer tu día a día muy difícil.

Aquí te presentamos los diferentes tipos de compañeros tóxicos y como evitarlos:

El pesado

Tiene la habilidad de cacharte siempre en el peor momento. No suele aparecer en la máquina de café o cuando tienes un rato libre. Cuando más ocupado estés, aparecerá el pesado. Curiosamente el pesado es un ser estacional, así que sus conversaciones irán de novias, bodas, pisos, niños, divorcios, es decir dependerá de la etapa vital por la que atraviese.

El sabelotodo

Si tienes un sabelotodo a tu alrededor cuida muy mucho los comentarios que haces. Si se te ocurre comentar un artículo que leíste en voz alta, el sabelotodo caerá sobre ti y te soltará todo su repertorio de experiencias.

El sabelotodo va a decir lo que tenga que decir, pase lo que pase, por lo que la estrategia correcta frente a él es no darle pie. No caigas en un error de principiante frente a un sabelotodo como es discutir con él. Por mucho que domines del tema y te des cuenta de que él no tiene ni idea debes tragarte tu orgullo y seguir a lo tuyo o entrarás es una espiral sin fin.

El inseguro

El inseguro es un ser que produce empatía y que despertará en ti, casi seguro, un inevitable sentimiento de ternura. El problema es que si te apiadas de un inseguro puedes acabar haciéndole su trabajo. Un inseguro puede repetir diez veces sin inmutarse la misma pregunta si la respuesta que le estás dando implica que haga algo que le saque de su zona de confort.

El inseguro lee varias veces el mismo mail antes de preguntar, pregunta varias veces antes de hacer nada y habitualmente no hace nada ya que entre lecturas y preguntas no le queda tiempo para la parte operativa. Cualquier tema que creías finiquitado resucitará a la más mínima duda para tu desesperación y su “deleite”.

El quejón

Se pasa todo el día quejándose de lo mal que funciona todo. Tiene una nula capacidad autocrítica. Produce un ambiente tóxico sobre todo si encuentra “víctimas” que se unan a la fiesta del lamento y el quebranto continúo. Habitualmente no faltan candidatos.

Si mezclamos quejas y envidias tenemos el hábitat natural para el rencor, que puede llegar a producir diferencias irreconciliables entre los compañeros. El quejica jamás propone soluciones, sólo escucharás quejas. Además suele victimizarse y, para combatirlo, no queda más remedio que ponerle en evidencia exigiéndole sugerencias de mejora y participación en la implementación de las mismas.

El hipócrita

Te va a decir lo que quieres oír. El problema es que puede que sea verdad o no. Y el hipócrita no va a discriminar, no te creas todo lo que dice. Desconfía de las buenas palabras, sobre todo cuando no son solicitadas, ante el poder embaucador del hipócrita sólo funciona la mente fría y la autocrítica sincera.

El irresponsable

El irresponsable es el último de los personajes con los que te gustaría toparte si tienes que trabajar en equipo. No admite ni plazos, ni metodologías ni consejos de ningún tipo. No existe solución mágica ante un irresponsable.

 Si es compañero tuyo, trata de que te toque colaborar con él lo menos posible.

El perfeccionista

El perfeccionista es un obstáculo serio de cara a la productividad ya que ningún trabajo le parecerá lo suficientemente bueno, lo que provocará una cadena de correcciones y mejoras. El problema en este caso no es la mejora continua sino la “mejora sin fin”.

Un perfeccionista tiene problemas para delegar ya que, habitualmente considera que los trabajos que no hace él en persona, no son “suficientemente buenos”. La consecuencia más habitual es que un perfeccionista suele convertirse en el líder de todo aquello que gestiona.

El controlador

El controlador es un personaje agobiante ya que su máximo afán es, naturalmente, tener todo bajo control. No tiene problemas para delegar tareas pero quiere tener tanto control de todo que no permite que la gente haga su trabajo con creatividad e independencia.

Fuente: www.euribor.com.es