Por diferentes razones, cerca de 200 millones de personas en el mundo se han transformado en migrantes, abandonando sus países o regiones de origen para establecerse en un país diferente, una región diferente y muchas veces, donde el lenguaje también es diferente e incluso, desconocido. Este traslado implica asumir la condición de ilegalidad, abusos de poder por parte de quienes les ofrecen trabajo, aceptación de sub empleos los que en algunos casos, ponen incluso en riesgo su salud.
En el siglo XIX América Latina era la “tierra de oportunidades” para miles de europeos y asiáticos que veían un mejor futuro económico en este continente, de este modo, los inmigrantes se transformaron en muchos países, Chile incluido, en motores de desarrollo, al ofrecer y poner a disposición del país que los acogía, su capacidad de trabajo, o lo que hoy llamaríamos “capital humano” y su compromiso. En Chile, por ejemplo, la Ley de Inmigración Selectiva de 1845, permitió la llegada a Chile de inmigrantes europeos, principalmente alemanes, franceses, croatas, italianos y suizos. Su integración y aporte al desarrollo económico de parte importante de la zona sur del país está enlazada de tal manera que no podemos excluirlos de parte de la historia de Chile. “Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder ilustrado, humano y generoso.” (Carlos Anwandter en 1851, de Alemania)
En la actualidad, los movimientos migratorios fluyen en reversa, es decir, se concentran hacia los Estados Unidos de Norteamérica y Europa, desde Latinoamérica, pero además, la recepción a estos migrantes del siglo XXI no es favorecida con leyes especiales, sino, al contrario, basta con estar atentos a las noticias desde Europa para ver que las condiciones de vida en que deben mantenerse quienes abandonan su país de origen, resultan hasta inhumanas. Sin embargo, es precisamente la noticia en CNN o BBC News lo que nos da cuenta de esa precariedad. No está entre las prioridades de los países desarrollados, receptores de los migrantes, el desarrollar políticas laborales y de salud que enfrenten de manera responsable el desplazamiento de quienes de alguna forma, están entregando algún aporte al país que les recibe.
Así, los movimientos migratorios aumentan y las proyecciones indican un aumento de los migrantes especialmente desde África y Latinoamérica hacia los países desarrollados. Ante esta inevitable y creciente situación ¿Están preparados los países receptores para otorgar condiciones de vida aceptables a estos inmigrantes? ¿Serán capaces los estados de ofrecer condiciones de trabajo justas y humanas? ¿Es de justicia dejar en manos de empresas la situación de los migrantes? ¿Existen estrategias preventivas en salud mental, por ejemplo?
Por diferentes razones, cerca de 200 millones de personas en el mundo se han transformado en migrantes, abandonando sus países o regiones de origen para establecerse en un país diferente, una región diferente y muchas veces, donde el lenguaje también es diferente e incluso, desconocido. Este traslado implica asumir la condición de ilegalidad, abusos de poder por parte de quienes les ofrecen trabajo, aceptación de sub empleos los que en algunos casos, ponen incluso en riesgo su salud.
En el siglo XIX América Latina era la “tierra de oportunidades” para miles de europeos y asiáticos que veían un mejor futuro económico en este continente, de este modo, los inmigrantes se transformaron en muchos países, Chile incluido, en motores de desarrollo, al ofrecer y poner a disposición del país que los acogía, su capacidad de trabajo, o lo que hoy llamaríamos “capital humano” y su compromiso. En Chile, por ejemplo, la Ley de Inmigración Selectiva de 1845, permitió la llegada a Chile de inmigrantes europeos, principalmente alemanes, franceses, croatas, italianos y suizos. Su integración y aporte al desarrollo económico de parte importante de la zona sur del país está enlazada de tal manera que no podemos excluirlos de parte de la historia de Chile. “Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder ilustrado, humano y generoso.” (Carlos Anwandter en 1851, de Alemania)
En la actualidad, los movimientos migratorios fluyen en reversa, es decir, se concentran hacia los Estados Unidos de Norteamérica y Europa, desde Latinoamérica, pero además, la recepción a estos migrantes del siglo XXI no es favorecida con leyes especiales, sino, al contrario, basta con estar atentos a las noticias desde Europa para ver que las condiciones de vida en que deben mantenerse quienes abandonan su país de origen, resultan hasta inhumanas. Sin embargo, es precisamente la noticia en CNN o BBC News lo que nos da cuenta de esa precariedad. No está entre las prioridades de los países desarrollados, receptores de los migrantes, el desarrollar políticas laborales y de salud que enfrenten de manera responsable el desplazamiento de quienes de alguna forma, están entregando algún aporte al país que les recibe.
Así, los movimientos migratorios aumentan y las proyecciones indican un aumento de los migrantes especialmente desde África y Latinoamérica hacia los países desarrollados. Ante esta inevitable y creciente situación ¿Están preparados los países receptores para otorgar condiciones de vida aceptables a estos inmigrantes? ¿Serán capaces los estados de ofrecer condiciones de trabajo justas y humanas? ¿Es de justicia dejar en manos de empresas la situación de los migrantes? ¿Existen estrategias preventivas en salud mental, por ejemplo?
En Chile, en la región fronteriza con Bolivia, los inmigrantes bolivianos viven hacinados en precarias habitaciones en los Valles de Lluta y Azapa, con salarios mínimos e incierta situación previsional y de salud. Evidentemente, ningún chileno desea trabajar en esas condiciones por lo que de alguna forma “se acepta” la ilegalidad del migrante indocumentado. Familias enteras se trasladan desde los pueblos bolivianos cercanos a la frontera con Chile aceptando la precariedad de esas condiciones, arriesgando la salud y seguridad de niños e, incluso, ancianos. Pero la búsqueda de mejores condiciones de vida lleva a estos nuevos actores sociales a asumir riesgos que algunas veces limitan con la violación de sus derechos fundamentales. Integrarlos con sus aportes culturales puede ser un gran primer paso, para enriquecer a las regiones que los reciben mejorando la convivencia y transformando la sociedad en un lugar grato y cálido, a la altura del siglo XXI.
Vía elmorrocotudo
