¿Cómo es trabajar en el Cementerio General de Santiago?

Por Andrea Palma

Por el contrario de lo se podría pensar, al trabajar en un campo santo no debes preocuparte tanto de los muertos como de los vivos. Robo de lápidas, drogadicción, vagabundos que duermen en los mausoleos y hasta ritos de brujería son parte de las amenazas a las que se enfrentan día a día los veladores del Cementerio General de Santiago.

Como portal web dedicado al mundo laboral y a quienes son parte de la fuerza de empleo de nuestro país, nos esforzamos por traerles temas que pueden orientar a los trabajadores en su vida, tanto en sus momentos productivos como en sus ratos de ocio. Generalmente eso se reduce al panorama económico de Chile y el mundo, y a guías de cómo enfrentar situaciones que suelen producirse en las oficinas o empresas. Pero esta vez quisimos preguntarnos por aquellos trabajos poco comunes, que muchos no tendríamos el valor de hacer y de los que frecuentemente suponemos pero poco sabemos.

Es por eso, que nos dirigimos al Cementerio General de Santiago, un lugar con casi 200 años de historia y 85 hectáreas construidas, que cuenta con un equipo de alrededor de 15 guardias por turno, quienes son los encargados de proteger del robo y el maltrato los restos óseos de los fallecidos y las estatuillas de mármol que los custodian, que en algunos casos pueden llegar a costar desde 20 a 30 millones de pesos.

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Vista del Cementerio General de Santiago. Foto: (cc) Wikimedia

Luciano Martínez, quien lleva sólo un año trabajando como velador del campo santo, nos cuenta que para trabajar allí no necesitas nada especial además del curso para guardias de seguridad del OS 10 de Carabineros, exigencia que por lo demás es un requisito prácticamente obligatorio a la hora de desempeñarte como guardia.

Aún así, no es lo mismo trabajar resguardando una multitienda que un campo mortuorio. Esto es porque las amenazas cambian; mientras que en las grandes tiendas y supermercados lo más frecuente son los «mecheros» que esconden comida y prendas entremedio de la ropa, en el cementerio deben estar atentos a los ladrones que llegan en vehículos a robar los grandes mármoles y de los mismos contratistas, que hurtan las lápidas para cambiarles las inscripciones y vendérselas a nuevos clientes.

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Estatuillas de la Virgen y el Niño del Cementerio General de Santiago. Foto: Flickr (cc) Carlos Reusser Monsalvez

Además de los robos, Luciano cuenta que hay que estar pendiente de los posibles disturbios. No faltan las personas que llegan tarde, tras el horario de cierre y quieren entrar casi a la fuerza. Como el cementerio es un terreno muy amplio, con numerosas calles y recovecos -que por la noche permanecen en penumbras-, los guardias transitan sobre bicicletas y llevando linternas.

Es muy frecuente encontrarse con ebrios, drogadictos y vagabundos que saltan las murallas para buscar donde embriagarse, drogarse o simplemente para dormir entre medio de los mausoleos. Los rituales de brujería son otro caso frecuente. El Patio Disidente es uno de los más solicitados para ese tipo de actividades, donde según cuenta Luciano, llega gente a realizar actos de brujerías que a veces involucran el sacrificio de gallinas y la manipulación de su sangre.

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Estatuilla del Cementerio General de Santiago. Foto: (cc) Wikimedia

¿Y los muertos? Ni apariciones fantasmales ni raros sucesos paranormales. Para Luciano eso está en la mente de cada uno. «(…) A veces me toca trabajar en el crematorio y quedo solo ahí. Ahí están las cenizas, están las ánforas de todos los fallecidos (…). Es un lugar oscuro, sí, hay poca iluminación (…).. De repente, cae una hoja, siento cualquier ruido y me asusto solo… Porque como no hay nadie, no hay ruido. O de repente, piso un trozo de madera y asusta porque es psicológico», asegura el guardia.

Con sus particularidades, resguardar un cementerio no es tan diferente a cuidar cualquier otro lugar. Lo que sí cambia es el salario y la seguridad laboral. En el Cementerio General de Santiago los guardias de seguridad son directamente contratados por la entidad estatal y algunos que han permanecido 30 años desempeñándose allí pueden recibir cerca de 800 mil pesos, relata Luciano Martínez. No es un mal sueldo, considerándose que un guardia de seguridad privado usualmente gana entre 275 mil a 450 mil pesos. Al fin y al cabo, ser velador del cementerio requiere al igual que otros trabajos de seguridad, tener más cuidado de los vivos que de los muertos.

3 Comments

  1. Jose Luis 3 septiembre, 2018
  2. luis rojas contreras 13 noviembre, 2018
  3. Pablo 11 mayo, 2019