Cuidado con las infecciones en playas y piscinas

Vía lahora.cl

Una piscina llena de agua cristalina y refrescante para dar solución a una calurosa tarde en la ciudad puede tener sus bemoles ocultos. Pues estos contenedores comunitarios de recreación acuática suelen ser fuente de diversas enfermedades que, afortunadamente, es posible prevenir y cuidarse de ellas.

Se trata de males con cuadros entéricos,  infecciones en la piel, ingreso de gérmenes en los oídos, conjuntivitis y hasta infecciones urinarias; dada la exposición a microorganismos como bacterias, hongos o virus que en verano aumentan su proliferación y mayor contacto con el organismo humano.

Otitis y conjuntivitis

En el caso de la otitis, si bien nuestro organismo cuenta con una barrera natural dentro del oído como el cerumen que atrapan agentes extraños y gérmenes, estos igualmente se ven expuestos a la entrada de bacterias, virus y hongos presentes en el agua cuando nos damos un chapuzón.

Para Christian Espinoza, docente de la Escuela de Fonoaudiología de Universidad de Las Américas, el uso de tapones que impidan el ingreso del agua al interior del canal auditivo es lo recomendado. “Si no cuenta con estos elementos, debe secar bien el oído y eliminar el agua restante, inclinando la cabeza y presionando la parte posterior del lóbulo hasta que se libere”, explica el académico.

Agrega que si se presentan dolores, picazón persistente o supuración debe acercarse a su centro de salud correspondiente, con el fin de que su médico aplique el tratamiento adecuado.

“En ningún caso se recomienda utilizar los llamados ‘cotonitos’ dentro del conducto auditivo, ya que eliminan el cerumen que recubre la piel del oído, disminuyendo la capa protectora y facilitando la entrada de las infecciones al oído, además de aumentar la probabilidad de rupturas de tímpano y generación de tapones de cerumen, por lo que jamás debiese utilizarse para este fin”, concluye Espinoza.

Por otro lado, la conjuntivitis se relaciona con la exposición al agua de las piscinas, públicas y privadas con mantenciones deficientes que permiten la colonización de gérmenes y también al efecto irritante del cloro.

El pediatra y broncopulmonar de Clínica RedSalud Santiago, Eduardo Jerez, comenta que “si un niño tiene una hipersensibilidad al cloro o es muy alérgico, debe hacer su baño usando lentes para el agua. Son los padres quienes deben exigir que los concesionarios de las piscinas, públicas o privadas, cumplan las normativas de sanidad vigentes para mantener el agua libre de gérmenes infectocontagiosos”.

Infecciones urinarias

Las altas temperaturas estivales y el uso de ropa húmeda por períodos prolongados son factores propicios para la proliferación de bacterias que causan las infecciones en el tracto urinario de las personas.

Desafortunadamente, las mujeres son las más propensas a sufrir de estas molestias por razones anatómicas naturales, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) una de cada tres mujeres tiene su primer caso de infección urinaria antes de los 24 años.

Para su tratamiento se utiliza preferentemente antibióticos y entre los consejos para prevenir estas infecciones se cuentan:

  • Limpiarse los genitales de adelante para atrás luego de ir al baño.
  • Beber mucha agua y vaciar completamente la vejiga al orinar.
  • Orinar inmediatamente después de tener sexo.
  • Mantener altos niveles de higiene, pero no obsesionarse
  • Consumir arándanos rojos o cranberry.

En este último consejo, María Elena Rudolphi, químico farmacéutica de Farmacias KNOP, comenta que las beneficiosas propiedades del cranberry pues “es rico en antioxidantes, vitamina C, polifenoles y flavonoides que, en su conjunto, favorecen la prevención de enfermedades urinarias”.

“Este arándano rojo produce un efecto antiadherente, ya se ha comprobado que impide que las bacterias se anclen en la pared de las vías urinarias, gracias a sus grandes cantidades de proantocianidinas, que además hacen que la orina se vuelva más ácida evitando la proliferación de bacterias” agrega Rudolphi.

Señala además que una ingesta regular de esta baya, en formato de cápsulas, a partir de dos semanas antes de concurrir a la playa o piscina ofrece la protección necesaria para evitar contraer alguna infección en esta época.

Controles preventivos

Para el médico gastroenterólogo de Clínica La Parva, Ivo Sapunar, mantener altos niveles de asepsia dentro de la piscina y en su entorno cercano es una medida que debe ser un estándar para evitar el contagio con personas enfermas que usen el mismo lugar.

“Regular el Ph de la piscina entre 7.2 y 7.8 unidades es lo óptimo, así como la concentración de cloro a niveles de 1 a 3 partes por millón y pesquisar la existencia de microorganismos, son acciones que deben ser regulares y efectuadas a diario”, dice el galeno.

Lo anterior puede no ser eficiente si las las personas que van a disfrutar de la alberca llevan microorganismos al agua. Por lo mismo, una ducha jabonosa previa al ingreso a la piscina y respetar atentamente las regulaciones sanitarias al respecto irá en beneficio de todos sus usuarios.