
Existen reglas explícitas y también implícitas en una empresa, aunque siempre te tocará compañeros que brillen por desconocerlas.
Llegas a tu escritorio, buscas tu lapicero, no lo encuentras nunca, y luego descubres que lo tiene tu compañero de al lado. Le preguntas por él, se lo pides y te lo devuelve con una fresca sonrisa. No hay problema, piensas, seguro lo necesitaba urgente y lo cogió. En el resto de días, se repite la situación, una, dos, tres veces, pero ya no solo con tu lapicero, sino con tu agenda, cuaderno, audífonos o lo que sea. Explotas.
El caso descrito puede ser considerado una falta leve; de hecho, en una oficina o fábrica pueden ocurrir cosas peores y repetitivas que solo reflejan los malos modales de un trabajador.
Uno de esos malos modales es, por supuesto, no pedir prestadas las cosas y, peor aún, no devolverlas. Es una muy buena receta para empezar a ganar mala fama, y tú no quieres eso, ¿o sí? Poco a poco puedes ir perdiendo la confianza de tus colegas, lo cual es negativo.
No decir gracias ni por favor, consideradas como palabras mágicas, también es un mal gesto. No esperes a recibir ayuda si se la pides de mala manera a un compañero. Puedes caerle pesado tanto por interrumpir sus labores con conversaciones insulsas y sin sentido, como por buscar un diálogo cuando él está muy ocupado.
Otros malos modales son hablar de más, señalar los defectos de la gente y ser chismoso. Contar un chiste en mala hora, hacer circular rumores en la oficina o burlarse de sus compañeros, solo harán que empieces a caer mal a las personas, además de ser indicado como irrespetuoso.
Por último, ser desordenado y sucio puede terminar por arruinar tu reputación. Muchas veces algunas personas no son conscientes de ello, y dejan desperdigadas sus pertenencias por todos los ambientes o dejan el comedor muy descuidado.
Fuente: aptitus.com