Sobrecarga académica y estrés universitario: La nueva demanda que emerge en el movimiento estudiantil

Vía emol.com

Desde la FEUC y la FECh advierten que las altas exigencias, en especial en algunas carreras, llevan a muchos jóvenes a consumir psicotrópicos para poder rendir. Mientras que otros pueden caer en la depresión.

«En la universidad siempre hay mucha carga académica y a veces se vuelve imposible de sobrellevar, los profesores creen que el ramo que dictan es el único; la época de exámenes es un coladero y ya no basta con el café o la energética, entonces muchos se consiguen Mentix, que es como lo más común. Son cosas que tienen que hacer los alumnos para adaptarse a las exigencias de los profesores, que a veces son muy demandantes».

El relato es de J.M.R. (24 años), estudiante de la Universidad de Chile, y refleja una realidad que viven muchos universitarios que se ven enfrentados a una elevada carga académica, lo que, en muchos casos, les provoca altos niveles de estrés o depresión.

Según comentan distintos estudiantes, esto ocurre en especial en carreras de alta exigencia, como Derecho o Ingeniería, o donde está «normalizado» no dormir para cumplir con entregas, como Arquitectura, aunque el problema es generalizado en las distintas facultades. «En Ingeniería es brígido, hay que dar cinco prácticas y hay pruebas que duran cinco horas», relata un alumno. También critican que la propia universidad disponga de espacios «para no dormir». «En Beauchef hay salas que funcionan las 24 horas y dan la posibilidad a los alumnos de estar toda la noche trabajando. Eso es un poco loco», comenta la secretaria general de la FECh, Javiera López.

Todo esto hace que, en ocasiones, los jóvenes decidan recurrir por su cuenta a psicotrópicos (que actúan sobre el sistema nervioso central), con el fin de mantenerse despiertos y poder estudiar y rendir en las pruebas; o bien para reducir el estrés. «En mi universidad fluye el ‘clona’ (Clonazepam) y el Mentix como si fueran dulces. Cuando uno llega a la universidad altiro te enteras que existe el Mentix», comenta J.M.R.

Conseguir esos medicamentos –cuya venta se permite sólo bajo receta retenida– es relativamente fácil al interior de las universidades y es común que los proveedores sean también estudiantes. Incluso se ofrecen abiertamente a través de Facebook. El Mentix (Modafinilo) –el más común entre los universitarios– se comercializa a $2.000 la dosis. Éste es un neuroestimulante que induce la vigilia, por lo que se receta a personas con trastorno de sueño o narcolepsia, y puede provocar efectos secundarios como arritmia o taquicardia.

«Hoy tome Mentix para una prueba (…) lo descubrí el semestre anterior y me sirvió mucho para pasar todos mis exámenes. Realmente lo encuentro buenísimo, puedes estar casi como máquina estudiando y todo te entra… es maravilloso», comenta una estudiante en la red social. «Hoy dormí una hora gracias a Mentix y me fue bacán en un examen», escribe otro universitario.

Otros fármacos que utilizan los jóvenes son el Aradix (Metilfenidato), un estimulante para tratar el déficit atencional, que ayuda a la concentración; y el Clonazepam, un ansiolítico que, según explican, lo usan «para liberar el estrés».

Exigencias de profesores y competencia entre alumnos

El estrés académico y sus consecuencias es un tema que se está comenzando a tomar la agenda de las federaciones universitarias. De hecho, la presidenta recién electa de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), Belén Larrondo –quien asume este viernes–, afirma que el «bienestar estudiantil» es uno de los ejes de su programa.

«Hemos visto cómo estudiantes de la Católica se ven sobrepasados, con mucho estrés, frente a la gran exigencia que existe en la universidad. Nos dimos cuenta de eso durante la campaña, en las conversaciones, que es una prioridad para los estudiantes. Es evidente cómo a muchos les abruma la carga académica, cuando están en causales de eliminación…», detalla Larrondo, quien recuerda el caso de la joven que se quitó la vida el año pasado al ingerir cianuro durante una clase.

Larrondo comenta que «hoy día tenemos ramos, en distintas carreras, que son muy exigentes y, al momento de llegar a exámenes, muchos compañeros se sienten sobrepasados y tienen que acudir a medicamentos para poder soportar la carga». También dice que contribuyen al estrés ciertas reglas de la universidad, como que «los ramos se puedan botar solamente en un periodo y no en cualquier momento del semestre».

En la Universidad de Chile hay un diagnóstico similar. La dirigenta de la FECh, Javiera López, reconoce que «la demanda por salud mental y bienestar estudiantil se hace muy presente durante este año» y afirma que «hay un malestar que se ha venido intensificando entre los estudiantes».

Junto con la exigencia de los profesores, López también atribuye los altos niveles de estrés en esa casa de estudios a otros factores, como que muchos estudiantes son primera generación en su familia que ingresan a la universidad, lo que aumenta la presión sobre su rendimiento. «Esa mochila significa un peso, hay una ansiedad, una presión… incluso hay una frase que dicen nuestras madres: ‘Tú tienes que ser mejor de lo que yo fui'», apunta.

También menciona la «composición social» que hay en esa universidad, donde muchos alumnos provienen de regiones. «Ellos están solos, sin su familia, en una ciudad radicalmente distinta, donde se ven sometidos a la necesidad de mantener un hogar, de rendir en el ámbito académico y a la carencia de redes de apoyo», señala.

Agrega como otro factor relevante la competencia que hay entre los propios alumnos. «No sólo se lo adosaría a los profesores, sino que hay una exigencia de una sociedad que nos hace también competir entre nosotros mismos (…) Tenemos una concepción del éxito que tiene que ver con los resultados de las notas, de los rankings. Hay una autoexigencia de los propios estudiantes por destacar y también tiene que ver con la necesidad de ser alguien, incluso atentando con nuestro bienestar emocional y psicológico», sostiene.

Erradicar «autoritarismo y humillaciones» de las universidades

Los estudiantes coinciden en que la salud mental y el estrés por la carga académica es un tema del cual las universidades deben hacerse cargo, y afirman que si bien existen unidades de apoyo psicológico, éstas son insuficientes para atender a todos los alumnos que lo requieren.

«Hoy día la unidad de apoyo psicológico no da abasto para la cantidad de estudiantes que tienen este tipo de problemas, no hay más de 30 psicólogos para todos los estudiantes de la universidad, y por esto hay que tomar otro tipo de medidas», afirma la presidenta electa de la FEUC, quien comenta que la federación impulsará una serie de iniciativas en esa línea, comenzando por «erradicar el estigma» frente a esas situaciones.

La representante de la FECh también cree que es necesario «que existan políticas integrales dentro de la Universidad de Chile para prevenir los problemas de salud mental», partiendo por contar con datos de cuántos alumnos están en esa situación.

Pero ya están surgiendo algunas iniciativas. Por ejemplo, en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile se comenzó a impartir un curso electivo que aborda el manejo del estrés, el que entrega herramientas para que los estudiantes puedan actuar frente a una situación de ansiedad. «A ese curso le ha ido bastante bien. Hay días donde han llegado 80 estudiantes de manera voluntaria a aprender», comenta López.

Dice que también ayudaría que la universidad reconociera el trabajo que realizan los alumnos fuera de la sala de clases y que aportan a la sociedad, como trabajos voluntarios, preuniversitarios populares, investigaciones, etc. homologándolo al aprendizaje formal.

Finalmente, cree que debe haber «un nuevo trato» al interior de las instituciones, «donde la universidad no signifique autoritarismo, jerarquía y humillaciones, sino donde nos tratemos como iguales, como miembros de una comunidad» y «tengamos otra concepción del éxito».

«(Esto) tiene que ser un desafío que se pongan las universidades públicas como una prioridad, porque no nos sirve de nada tener miles de profesionales si estos profesionales, que supuestamente van a servir a la sociedad, van a estar enfermos», subraya.